Acabo de agregar una cuarta cobija a mi cama. Siempre tengo frío aquí. Llegué a mi cuarto luego de besar compulsivamente a mi mamá, y de desearle buenas noches. Le pedí a mi papá que me subiera un vaso de agua, y le dije que lo amaba. Besé a mi hermana, en el único estado posible: dormida. Me encontré a mi misma deseando fuera así de perfecto siempre.
Espero recordarme a mi misma, recordando. Espero conservar mis sueños, porque sin ellos no soy nada, no voy a ningún lado. Siempre tener ese algo, que me mueve. Mi amor es inmenso, y me encanta tener tanto para dar. Ojalá lo diera siempre.
En mi tocador, tengo dos lámparas, una foto de mi abuela, la revista ‘’Province’’, que mis amigas me regalaron, ‘’Ensayo sobre la ceguera’’, de Saramago, un vaso de agua, un reloj antiguo, y dos piedras. Sólo puedo decir: Extraño a mi abuela. Tanto, que quiero llorar otra vez. Qué bien me conocen mis amigas. Me hacen sentir tan clara y expresiva… como el vaso de agua. He llegado al punto en el que me identifico con el, y me gusta. Las piedras son recuerdos, recuerdos bonitos que me provocan nostalgia. Carajo, cómo los extraño, Morelia.
Empecé ésta entrada con una sonrisa… Ahora hay lágrimas, y el recuerdo. Lágrimas duras, que me juzgan, y me cuestionan. Alma, mente, no sé qué es, pero es. Y duele. No doy por sentado nada de lo que me conforma. Pero quisiera hacerlo. Quisiera conocerme, gustarme, y entonces parar.
Mi cuarto son cuatro paredes blancas, que siguen sin parecer mías. Como dijo Miguel hoy: ‘’minimalista’’, y es sólo porque no hay nada. Pido parar de cambiar, pero sé que necesito hacerlo. Ojalá llegara en algún momento a ese punto del Budhismo, la ‘Iluminación’, en que eres simplemente… pleno. Contigo mismo, y tu alrededor. No puedo ni imaginarlo. Empezaré a ir al templo budista, tal vez ahí encuentre algunas respuestas a mi propia existencia.
Cambios, cambios. Pensé en ellos hoy, ahora, y lo hago desde siempre. Cambios necesarios, cambios obligados, cambios dolorosos, cambios fáciles, cambios por amor. ‘’Cambiar por amor’’(grande y negritas) a ésa me falta filosofearle un buen rato.
Estoy triste, sencillamente increíble. Me pregunto si es por la adolescencia, esto de los cambios drásticos de humor. Me pregunto si sin ellos, me seguiré sintiendo yo misma. Y es que pienso en mi en veinte años, como alguien aparte de mi persona. Como si fuera a ser otra. Y deseo que no, deseo siempre verme como una misma. No sé qué estoy haciendo.
¿Qué hace Frida Kahlo, sin sufrir?
No hay comentarios:
Publicar un comentario